A los cinco años, Clorindo Testa dibujó su futuro en un papel. Con más de 80 sobre sus espaldas no deja de dar cátedra de sabiduría y humildad. Arquitecto, artista plástico, Clorinda Testa habló en Córdoba en el CCEC ante una multitud de devotos, la mayoría jóvenes estudiantes de arquitectura que lo escucharon con la boca abierta.
Clorindo es ese tipo de hombres que te hace creer que todos pueden ser genios o grandes artistas solo con proponérselo. Quiso ser médico, pero gracias a las observaciones de sus padres su vocación se orientó a la arquitectura, luego y en simultáneo a la pintura; estudió, se graduó y su primer obra como arquitecto fue un auto retrato para mostrarle a sus progenitores su desconcierto ante su nueva vida.
Luego se dedico a no hacer nada, dos años girando por Europa, que según confesó en Ciudad sin Mar, fue un tiempo provechoso de preparación, “lo supe mucho después, que ese no hacer nada era también un aprendizaje porque todavía no estaba preparado para ocupar mi rol de arquitecto”.
Clorindo Testa asegura que sus grandes proyectos no son genialidades, que sus obras plásticas tampoco, que solo dispone de un sentido común que aplica de acuerdo a las circunstancias, tanto para construir un edificio como para pintar un cuadro porque ambos cuerpos “en definitiva se parecen mucho”.

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